ARTÍCULOS

Al toque de la campana
Escrito el: 21/04/2011 Por: Fernando Brugarolas

Por un momento, toda la Plaza se queda en silencio, y yo, con la cabeza bien pegada a mi varal, solo oigo el crujir de la madera del Trono.

Levanto la cabeza y, delante de la sobria estructura del paso, se vislumbra la silueta de un capataz, que ataviado con vesta, y dando una vuelta al Trono, nos dice aquello de “al Toque, al cielo con el paso”.

Con el Cristo de la Caña, nuestro Cristo de la Caña, aún más arriba que nuestro primer gran esfuerzo, toda la plaza rompe en aplausos, mientras suenan esos acordes del Himno que nos acompañan en cada levantada a brazo. Una gran emoción invade mi ser, y busco la mirada cómplice y emocionada de mi hermano, que unos varales más allá, esta compartiendo conmigo esta primera procesión como costaleros del Cristo de la Caña.

Una gran frase reza que “he visto más de lo que recuerdo y recuerdo más de lo que he visto”. Y así lo puedo afirmar en la sucesión de vivencias de fe, vivencias humanas y vivencias espirituales que he tenido bajo los varales de nuestro Cristo. El discurrir tranquilo y sereno de nuestra procesión, con nuestro paso característico. Ese aplauso que arranca en la esquina de la Calle del Teatro y te hace vibrar. La entrada en la carrera oficial, girando 180 grados para encarar la Avenida de la Constitución en todo lo alto. Ese niño que pregunta por qué llevamos a Jesús crucificado, y ese responso que oigo entre crujidos de madera, al pasar por la calle del Teatro bien pegados a la gente.

“¡Atentos! Vamos a girar. La cola sobre el sitio”.

Así se suceden unos años tras otros, unas procesiones tras otras, y el tiempo, inexorable, va mezclando todos los recuerdos en mi mente…días de martes santo mirando al cielo con la Junta Directiva de acá para allá, buenos amigos compartiendo preparativos y varales, montajes en Nuestra Señora de Gracia, bien rápido para que diera tiempo a ponerse guapos, las palabras de nuestro buen amigo Chimo en las escaleras al acabar un ensayo, animando y diciendo aquello de “sois los mejores costaleros de la Semana Santa”…..todo queda mezclado en mi cabeza desde aquella primera procesión….

El capataz, siempre atento y vigilante, se detiene a mi lado cuando el Trono está parado en algún punto del recorrido de la Procesión, Calle Castaños, cuando las fuerzas empiezan a flaquear. ¿Cómo vas?. Un gesto afirmativo lo llena de tranquilidad, y con unas suaves palabras le comento “creo que delante van muy rápidos”. Porque, hubo un tiempo que los más bajitos, íbamos delante del trono….

Al último toque de la campana, en la Plaza del Ayuntamiento, he visto llorar a los costaleros más entregados, he sentido las alegrías más profundas, y sobretodo, la sonrisa cómplice, el afecto y el cariño del Capataz. Capataz que intensamente, ha vivido cada minuto, diría cada segundo de nuestra procesión, y con el que he tenido el privilegio de compartir tuercas y tornillos, ensayos y contratiempos, listados de costaleros y cientos, quizás miles de preparativos: desde aquella corbata que tan bien me colocaba cada Martes Santo antes de salir a cargar desde casa de nuestros padres, hasta aquella frase que escuché no hace mucho tiempo: “disfruta de tu última procesión de costalero”.

“Segundo toque. Seguimos. Atentos al bajar, muy despacio. Tercer toque, abajo. Muy bien, sois los mejores”.

Estamos apunto de girar en la Calle del Teatro. Hasta ahora, todo marcha muy bien. Las complicaciones y preocupaciones de los ensayos que no salían, parece que han quedado atrás en ese momento mágico de la primera levantá.

Miro a los costaleros. En su concentración, aún no hay síntoma de sufrimiento, por ahora, van bien.

Levanto la cabeza, y entre las filas de la Presidencia, vislumbro la sombra del Capataz, que ataviado con chaqué, me dice aquello de “ánimo; el paso pesa y pesa mucho”…En ese momento suena el toque de la campana de nuestro Trono, y con una sonrisa en los labios y una lágrima empezando a salir de mis ojos, sólo soy capaz de decir: “atentos chicos. Nos vamos”.


  
Pulsa sobre las imágenes para ampliarlas.